"¡La Federación de Estudiantes Universitarios se ha sumado al paro en apoyo de los trabajadores de la Universidad!" – dice Nico abriendo más sus ojos achinados y tapándose con una de sus manos morenas su cabeza poblada de cabellos ensortijados para protegerse de los inusuales rayos del sol de mayo que hacen arder la rotonda de la inconclusa Facultad de Derecho. Desde hace tres semanas la Universidad no funciona normalmente por el paro general decretado por los trabajadores en demanda de mejores condiciones laborales. La Facultad de Ciencias Sociales es la más entusiasta en el apoyo, tanto de maestros y de alumnos, a "las justas demandas de la clase trabajadora". Las Facultades de Ciencias Naturales, tradicionalmente inermes al virus de la acción política que afecta a sus colegas de Letras, no han tenido esta vez más remedio que suspender sus clases. Sin trabajadores que abran las aulas y hagan la limpieza no están dadas las condiciones para que números y fórmulas sean adecuadamente procesados y digeridos. Las muchachas de Artes Plásticas acuden con mayor regularidad al campus universitario que en los días normales de clases, pero no para aburrirse escuchando a sus profesores sino para compartir el disfrute de la rebelión. Es una oportunidad inmejorable para contar con una fuente de inspiración para diseñar sus gráficos, acuarelas y esculturas que serán expuestos en la muestra colectiva de fin de año. Los de Derecho, en cambio, están en su mayoría en contra de la huelga. Dicen que los juristas por la naturaleza misma de su objeto de estudio tienden a defender el sistema de cosas. Pero Nico no está de acuerdo con esa estrecha visión del Derecho.
"El Derecho puede ser un instrumento fundamental para propiciar el cambio social, no necesariamente tiene que ser reaccionario" – dice Nico refutando a Dante Cánepa uno de sus amigos rábanos de Sociales que se ha infiltrado en la rotonda. "El derecho no es más que una superestructura impuesta por la clase dominante para justificar su dominio. No hay vuelta que darle. Así lo dicen los clásicos, y por eso es que esta facultad está llena de reaccionarios" – replica el amigo de Nico. Nico no se resiste a aceptar que a los abogados no les toca jugar ningún papel en el movimiento revolucionario. Insiste: "Ya ves que aquí hemos formado un taller con estudiantes progresistas en el que debatimos los temas jurídicos desde una perspectiva contestataria. Ahora los tiempos han cambiado. Antes esta facultad no daba ningún espacio para la reflexión crítica acerca del sistema imperante. Hoy se aceptan otras escuelas jurídicas y a tratadistas cuestionadores del status quo. Por eso ahora estamos haciendo esta sesión plenaria con los trabajadores de la Universidad para decidir si esta facultad se suma también al paro, tal como lo han hecho otras facultades y la propia federación universitaria. Yo soy optimista".
El amigo de Nico se aleja. Los oradores están por empezar sus discursos en pro o en contra de la huelga. Llega Ricardo Bozzo . Como de costumbre amable y deseoso de mostrar su erudición. Acaba de estar en la imprenta en donde le han entregado mil unidades del calendario de bolsillo que en el reverso lleva la imagen del Duce y la inscripción: "Dios, Patria, Familia y Propiedad Privada". Le regala un calendario a Nico. Nico se ríe y le comenta: "¿Cómo es posible que una persona tan inteligente y culta como tú, Ricardo, pueda no solamente simpatizar con el fascismo sino que, además, se vuelva un vulgar propagandista de esta corriente de pensamiento que ha sido sepultada en el basurero de la historia?" "¿Cómo es posible" – replica Ricardo – "que una persona de extracción popular como tú, descendiente de los esclavos africanos y de los chinos culíes, injustamente maltratados en las explotaciones guaneras, simpatice con una doctrina materialista y atea como la marxista que, entre otras cosas, es el fundamento del régimen estalinista?". Sin que ninguno de los dos tenga tiempo para responder las preguntas cruzadas empieza la rueda de oradores.
"Comprendemos que los trabajadores tienen expectativas para el mejoramiento de sus condiciones laborales" – dice José Torres, el representante del Tercio Estudiantil de la facultad de Derecho – "y, como estudiantes de leyes que somos, sabemos que la huelga es un derecho laboral incorporado en la legislación de todos los países democráticos y está consagrado en nuestra constitución. En los países comunistas en cambio, que inspiran las reclamaciones del Sindicato de Trabajadores y de la dirigencia de izquierda de la Federación de Estudiantes, los trabajadores no tienen ningún derecho a la protesta. Los que ahora apoyan entusiastamente esta huelga o son hipócritas o son ingenuos. Si estuvieran en un paraíso socialista no tendrían ni siquiera el derecho a la pataleta. Por último, estamos hartos de huelgas y manifestaciones. Hemos venido a la Universidad a formarnos como abogados, hombres de leyes, para contribuir después al desarrollo de nuestra nación, no para perder el tiempo en ventilar reclamos laborales y realizar paralizaciones. Las revueltas estudiantiles ya pasaron de moda, ahora nos toca estudiar y prepararnos para servir mejor al país. Hay algunos colegas que aún se siguen guiando por el absurdo planteamiento de mayo del 68 que decía ´seamos realistas pidamos lo imposible´. Pero aquí en Derecho les decimos que la política es el arte de lo posible y no el espacio para sueños y aventuras utópicas, más aún cuando la realidad muestra que los comunistas, cuando tienen poder, son los más grandes opresores del pueblo".
"!Facho de mierda!" – murmura Nico. Ricardo Bozzo responde con una sonrisa de oreja a oreja y aplaude rabiosamente sumándose a la mayoría de los estudiantes presentes. "Es verdad" – dice Ricardo – "la izquierda es hipócrita, en Polonia los trabajadores han debido soportar una dura represión a raíz de las huelgas y otras formas de lucha que han desarrollado para oponerse a la tiranía comunista y aquí los rojos nos quieren contar cuentos". "Te vi el otro día por la televisión saltando como salvaje ante la Embajada de Polonia" – replica Nico. "¿No te dabas cuenta de que la mayoría de manifestantes no eran fachos sino troskos desencantados con el socialismo soviético?". "No me importa lo que hagan los troskos" –insiste Ricardo. "Allá ellos con sus controversias marxistoides y su revolución permanente, que yo llamo mejor involución permanente. Lo importante para nosotros era expresar nuestra solidaridad con Solidaridad y desenmascarar a los rábanos de aquí que quieren que nuestro país se convierta en una más de esas mal llamadas democracias populares".
"Los estudiantes universitarios – dice Johny Fritze, Presidente de la Federación de Estudiantes, dirigiéndose a la concurrencia - no podemos encerrarnos en una caja de cristal y permanecer ajenos a lo que sucede en el entorno nacional y social. La palabra misma lo dice, Universidad evoca universalidad y, en un país como el nuestro atravesado por diferentes injusticias sociales que están en la raíz del subdesarrollo, esa universalidad implica el deber de preocuparse por dar solución a un problema que afecta a nuestros hermanos trabajadores y, asimismo, manifestarles nuestra solidaridad. Una verdadera solidaridad, compañeros, aquí, ahora y para nuestra gente y que nada tiene que ver con contextos lejanos y ajenos a nuestra realidad. Una solidaridad, compañeros, desinteresada y sin ninguna vinculación con cálculos políticos subalternos y más bien conectada a valores tan elementales como la caridad y la justicia que están en la base misma de la doctrina cristiana que esta Universidad dice representar".
"¡Cállate rojo de mierda, ateo!" – lo interrumpe una voz bronca desde uno de los costados. Sobreviene el desorden. Por unos segundos parece que la reunión no va a poder continuar. Mónica Cassareto, la mejor alumna del curso de Teología del Derecho, se impone sobre las demás voces: "Tú no puedes ampararte en Cristo para justificar que los estudiantes debamos darles el apoyo. El materialismo que ustedes propagan se basa en la lucha de clases y no en la concordia y la armonía conforme a las enseñanzas de Jesucristo. Ese mismo materialismo, además, descansa en una filosofía que cuestiona la existencia de Dios y que, como dice el padre Donatello, considera el pensamiento y el espíritu como meras excrecencias del cerebro. Por tanto, sé más sincero y simplemente di que lo que los lleva a tratar de movilizar a los estudiantes es su ansia de figuración o eso que Nietzche llama la voluntad de poder. ¡Sí señores la voluntad de poder es lo único que los mueve!".
Una cerrada ovación sigue a las palabras de Mónica. Ricardo Bozzo contiene sus ansias de orinar, se pone tan rojo como su padre italiano cuando cuenta las ganancias de su panadería y le da un codazo a Nico. "Ya ves Nico aquí en Derecho los rojos no tienen cabida. Esto no es Ciencias Sociales. Aquí no nos pueden dar gato por liebre". "A esa puta lo único que le hace falta es pinga y por eso es que descarga toda esa retahíla de sandeces" – replica Nico . "!No hombre, así no se juega!" – grita Ricardo sintiendo como si hubieran tocado a su propia hermana. "No hables así de una mujer, Nicolás. No pierdas los papeles. Entiende de una vez por todas que los rojos como quiera que se presenten siempre se comportan como lagartijas. Se hacen pasar como si fueran verdes y mansos, pero por dentro son rojos y manipuladores y al final siempre terminan corriéndose y dándote un latigazo con su rabo. Tu no debes dejar que te engatusen". "!Bah!" - responde Nico con una sonrisa condescendiente y ajustándose los anteojos redondos que le dan un aire intelectual. "Mira Ricardo, creo que nunca has visto de cerca una lagartija en tu vida como para hablar de su comportamiento, y en todo caso si nos vamos a poner a hacer comparaciones con los reptiles de hoy y sus ancestros, esa tal Mónica y los que defienden ese pensamiento católico ultramontano y neofascista que tú también compartes no llegan siquiera al nivel de un animalito tan humilde e indefenso como la lagartija. Son más bien auténticos dinosaurios. Sí Ricardo, dinosaurios, dinosaurios que siguen apegados a la defensa de un orden caduco que hace agua por todos lados".
"Señores les ruego que por favor mantengan la compostura" – dice el moderador - "como corresponde a quienes seguimos una carrera en la que el diálogo, la negociación y la aproximación de posiciones constituyen unos de sus componentes fundamentales". Retoma el uso de la palabra Johny Fritze. "Compañeros". Vuelve a ser interrumpido. Ricardo Bozzo pide la palabra solamente para hacer una precisión. Johny se la concede. "Con el respeto que me mereces Johny, debo exigirte que no te refieras a este auditorio anteponiendo la palabra "compañeros". Esa es una palabra propia de la jerigonza comunistoide. Y tu sabes bien que la gran mayoría de estudiantes de esta facultad no compartimos la ideología materialista y atea". "Está bien Ricardo" – dice Johny con un tono conciliador – "en vez de compañeros voy a decir colegas, estudiantes o amigos. Pero quiero, además, señalar a ti y a todos los presentes que no es menester que ahora nos empantanemos en discusiones de corte teológico o filosófico. Bástame decir que en la Federación de Estudiantes no existe una única línea de pensamiento político o una sola perspectiva filosófica. Además, entre los compañeros, perdón, los estudiantes que mantienen una posición crítica también hay cristianos. Muchos cristianos asumen hoy que el paraíso comienza en la tierra y que por tanto hay que aunar esfuerzos para impedir que subsistan las injusticias que se oponen al plan de Dios. Pero bueno, no nos vayamos por la tangente. Repito una vez más que es un deber de todos los estudiantes brindar el apoyo solidario a los trabajadores en su justa reivindicación".
A estas alturas ya dan las 12 de la mañana. El padre Donatello, uno de los pocos profesores que no ha alterado un ápice su jornada de trabajo manteniendo incólume el horario en que dicta el curso de Teología del Derecho, a pesar de la huelga, comienza a tomar lista. Muchos estudiantes abandonan la rotonda para escuchar la clase del cura que hoy debe continuar el tratamiento del tema "la pena de muerte". En la clase anterior el padre Donatello señaló que la pena de muerte en algunos casos se justifica y está en armonía con el derecho natural. Nico se retiró ofendido del aula y no sabe ahora cómo va a hacer para pasar el curso obligatorio que sólo lo dicta el cura napolitano. Otros estudiantes que no tienen clase con el padre Donatello no están interesados en seguir hasta el final el hilo del torneo oratorio y prefieren ir a la biblioteca. Johny Fritze se va quedando con cuatro gatos. Pero llegan los refuerzos de Ciencias Sociales y los representantes de los trabajadores. Ezequiel Mamani, Presidente del Sindicato de Trabajadores, hace uso de la palabra e invita a los estudiantes a unirse a la marcha hacia el Ministerio de Trabajo que han programado por la tarde. Los estudiantes levantan el brazo con el puño cerrado y hacen sentir su conformidad.